Texto: Albert López Vivancos
Palabras inspiradas por la imagen
***
- Y tú, ¿qué haces?
- ¿Yo? Construyo mi vida.
Constantemente. Poco a poco se va elevando ese edificio que es la propia persona. Es una construcción humilde, sin grandes pretensiones, pero está hecha de materiales valiosos: cada ladrillo es una experiencia, es una vivencia, es una persona. Cada uno lleva un nombre. Todos están escritos. Tienen grabados los nombres de las personas que caminan junto a mí, que hacen que la vida sea vida. Sí, el tuyo también. Porque nada sería sin tus palabras, nada sería sin tus miradas y tu sonrisa, nada sería sin tus manos que estrechan mis manos en el momento oportuno. Sí, tu nombre está ahí, seas quien seas. Aunque tan sólo por un instante te hayas cruzado en mi camino.
- ¿Yo? Construyo mi vida.
Constantemente. Poco a poco se va elevando ese edificio que es la propia persona. Es una construcción humilde, sin grandes pretensiones, pero está hecha de materiales valiosos: cada ladrillo es una experiencia, es una vivencia, es una persona. Cada uno lleva un nombre. Todos están escritos. Tienen grabados los nombres de las personas que caminan junto a mí, que hacen que la vida sea vida. Sí, el tuyo también. Porque nada sería sin tus palabras, nada sería sin tus miradas y tu sonrisa, nada sería sin tus manos que estrechan mis manos en el momento oportuno. Sí, tu nombre está ahí, seas quien seas. Aunque tan sólo por un instante te hayas cruzado en mi camino.
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